Aquí están todos los que han protagonizado esta
impresionante salida en la Ermita de Santa María
Trayecto 380 (01)
08/01/2012
"Las 5 Ermitas"
Duración: entre las 8:30 y las 14:00 horas
Climatología: tiempo soleado; temperatura agradable
Terreno: perfecto
Grupo:
Aquí están los integrantes del grupo que han protagonizado
esta salida legendaria, por orden alfabético: Ángel, David B.,
Javier, Jorge, José Ángel, José, Juan R., Manolo, Manuel,
Miguel (ón), Miguel, Pedro, Salvador y Sergi.
Incidencias:
Tenemos mucho y bueno que contar, pero eso no nos va a impedir, ni mucho menos, que cumplamos con nuestro deber de dar la bienvenida a un nuevo amigo y compañero que hoy nos ha acompañado por primera vez, y que estamos convencidos de que no será la última; nos referimos a Juan Rodríguez (en adelante Juan R.); se trata de un magnifico y completo bíker que seguro que dará mucho que hablar, cosa que hoy no ha podido ser debido a que aún se encontraba bajo los efectos de los excesos navideños; bueno, pues ya está; ahora vamos al lío.
Acababa de despuntar el alba cuando unos magníficos jinetes han iniciado esta increíble epopeya, sedientos de honor y gloria; no, no eran ni uno, ni dos, ni siete, sino que esta vez eran ¡¡¡catorce!!! los centauros que hoy, ávidos por entrar en la Historia, han arreado como nunca a sus monturas, sin un soplo que perder, con la sola esperanza de entrar en los confines de la leyenda; y así, sin más recompensa que la satisfacción de poder ver sus nombres escritos al lado de los dioses del Olimpo, han cruzado el puente de Molins con destino a la localidad vecina de Sant Vicenç dels Horts, sabedores de que algo grande estaba a punto de ocurrir; algo muy grande en donde los únicos protagonistas esta vez iban a ser éllos; solo éllos.
1er. destino: la Ermita de Santa María de Cervelló:
Como estaba escrito, éste iba a ser nuestro primer objetivo; sobre el papel, el que menos dificultad ofrecía; pero eso no va con nosotros, y esta vez nos hemos dirigido hacia allí por un sendero desconocido hasta hoy, lo que nos ha hecho tomar precauciones; sí, íbamos algo desconfiados pero nunca temerosos; nuestras monturas, plenamente conscientes de que para éllas la Historia también había dejado un pequeño hueco, iban comportándose como nunca, resoplando vigorosas en cuanto sentían cualquier presión sobre sus ligeras traviesas de aluminio; y así, tras sortear duros repechos en las zonas urbanas de Torre Vileta y Can Guitart Vell, hemos tomado un sendero pedregoso en infame subida que posiblemente habría servido para que un personaje como Absolón buscara algo alternativo; pero nosotros no; nosotros hemos subido por aquí jadeando pero con firmeza, con nuestra vista clavada en éste nuestro primer destino, que no se ha hecho esperar; y ha sido aquí, a las puertas de este templo memorable, en donde hemos obtenido una instantánea que seguro que la gente, dentro de mil años, seguirá buscando para presidir, quien sabe, su morada como algo sublime e inigualable, atreviéndose a pagar por ella hasta un ojo de la cara, o incluso algo aún más valioso y pretendido, algo de lo que el mismísimo San Cucufato presumía, aunque puede que ni ello fuera suficiente.

La Ermita de Santa María de Cervelló.
2º destino: la Ermita del Remei:
No había tiempo para nada más; nunca hay tiempo cuando quien espera es la Historia; y por eso nosotros, fieles a nuestro destino, hemos partido rápidos como la brisa de la estupenda mañana con la que los dioses han querido premiar nuestro atrevimiento; nuestra próxima meta estaba cerca, concretamente en la Ciutat del Remei que tan buenos recuerdos nos traía a algunos por haber disputado por estos lares otra no menos fantástica salida no hace mucho tiempo de ello; pero eso no iba a significar ni mucho menos que se dejara vencer sin ofrecer antes una cruenta batalla; y así ha sido; para llegar a la Ermita del Remei, entre los términos de Cervelló y Sant Vicenç dels Horts, hemos tenido que descubrir una escondida y preciosa trialera cerca de Can Pi; tan preciosa era que nuestro querido Miguel (ón) no ha querido dejar pasar la oportunidad de besarla lanzándose sobre élla como si de un ágil escuerzo se tratara; y a fe que lo ha conseguido; pero aún había más; mucho más; hemos tenido que vencer un sinfín de senderos de todos los colores que nos han puesto en fila "de a uno" y que nos han exigido lo mejor de nosotros mismos, obligándonos en algunos ocasiones a pagar tributo bajándonos de nuestros pencos por un instante, lo que hemos hecho con mucho agrado; y así hemos llegado a nuestro segundo destino, la Ermita del Remei, muy conocida por las supuestas apariciones marianas que parece ser que se han producido en el pasado, aunque hoy las únicas apariciones que habían por la zona eran las siluetas de catorce fantásticos bíkers hambrientos de honor y gloria.

La Ermita del Remei
3er. destino: la Ermita de Sant Antoni:
Sabíamos que ésta iba a ser nuestra meta más complicada; más dolorosa; y no solo por la gran distancia que la separaba de nosotros; Juan R. también lo sabía, y por eso, puede que ebrio ya de gloria, ha dicho ¡basta! y nos ha dejado ... temporalmente, ya que, estamos convencidos de ello, va a participar con nosotros en otras gestas venideras que luego podrá contar a sus nietos; quienes hemos sobrevivido hemos continuado sin saber que, poco a poco, nos estábamos metiendo en una sucesión de rampas infernales que, estamos seguros, utiliza el propio San Antonio para evitar que algunos infieles puedan llegar a su ermita; pero nosotros no; nosotros somos creyentes; cuanto menos creemos que los platos pequeños de las bicis no son mero ornamento, sino que tienen una finalidad; a fe que en esta salida lo hemos comprobado; tras salir de la Ermita del Remei hemos deambulado por una zona fantástica en las inmediaciones del Puig de Rocabruna, con infinidad de senderos, tanto de bajada como de subida; es cierto que algunos los hemos tenido que subir con el corazón encogido, pero valía la pena; todo esto ha sido hasta llegar a la carretera de Torrellas, por la cual hemos transitado unos minutos hasta desviarnos por una pista encementada y hedionda, que nos ha llevado cerca de la Urbanización de Cesalpina, muy cerca ya de la Ermita, aunque antes de eso hemos tenido que subir, subir y subir unas escalofriantes rampas que han hecho que nos acordáramos de mucha gente; pero lo peor estaba por venir; conocidas son las rampas inmediatamente anteriores a la Ermita de Sant Antoni; el que más o el que menos puede que hiciera mucho tiempo que no subía por allí; otros, entre los que me incluyo, hasta es posible que hayan soñado alguna vez haber logrado llegar a la ermita sin poner el pie en el suelo; pero es solo un sueño; hoy, pese a la calidad de cuántos íbamos, tan solo uno de nosotros ha logrado este propósito: Javier; es justo reconocerlo; tal y como teníamos previsto, en este impresionante paraje hemos permanecido más tiempo de la cuenta con la sola finalidad de recobrar el aliento; menos del que hubiéramos deseado, ya que en cuanto hemos comprobado que no nos faltaba ningún órgano vital, hemos hostigado nuevamente a nuestros jamelgos y nos hemos ido de allí; sin echar la vista atrás.

La Ermita de Sant Antoni
4º destino: la Ermita del Roser:
Hay un refrán que dice: "Otros vendrán que bueno te harán"; a nosotros nos viene de perillas; pensábamos que el recorrido hasta la Ermita de San Antoni era lo más duro que hasta ahora habíamos hecho; ¡¡¡que equivocados estábamos!!!; lo más duro estaba por llegar; estaba a punto de llegar; nos las prometíamos muy felices bajando de San Antoni y pensando que la Ermita del Roser, que además está ubicada en la espectacular bajada de "la pista del llanto", iba a ser ya cosa de niños; jajaja; tras vencer algunas rampas en la zona urbana de Cesalpina, en donde por cierto hemos tenido que arreglar la cadena de la bici de Sergi, con la inestimable colaboración, ahora sí, del propio Sergi, hemos llegado a la Creu de Querol, encaminándonos después hacia la zona del Tabor; aquí ha sido donde algunos de nosotros, incrédulos, han conocido por fin el infierno; aunque no solo en la zona anterior al Tabor sino, sobre todo, después; con muchos agobios hemos podido escalar hasta las inmediaciones de la Torre del Tabor, con rampas, unas tras otras, con unos desniveles del 30%; en ocasiones incluso superiores; y a todo esto, en la zona urbana próxima, nos hemos plantado a pie de la trialera que nos habían aconsejado evitar; y eso es lo que en un primer momento hemos hecho, dirigiéndonos, para evitar males mayores, al mismo punto pero dando un rodeo por esta zona urbana; lo malo es que hemos llegado a una calle a la que habían dejado sin salida, lo cual ha hecho que nos planteáramos la alternativa de buscar otra salida e incluso, dado lo avanzado de la hora, poner fin a esta aventura y entregar nuestras armas rindiéndonos; pero no, entre nosotros aún quedaba gente dispuesta a morir matando, y por eso algunos hemos propuesto subir lo que antes habíamos bajado y tomar la trialera imposible; esto ha sido lo que ha desconcertado a la mayoría; y esto ha sido, en definitiva, lo que ha hecho que pusieran fin a esta gesta y que se entregaran sin remedio; del grupo tan solo hemos quedado cinco: José, Manolo, Miguel, David B. y Salvador, un servidor; no queríamos dejar de intentarlo; no queríamos que se supiera que ningún Siberiano había logrado terminar esta majestuosa etapa; y por eso nos hemos ido a buscar la trialera que antes habíamos evitado, para enfrentarnos a ella cara a cara; sin tapujos; ni que decir tiene que hemos salido victoriosos de este envite; la trialera tan solo ha podido vencernos en un par de escalones que ha hecho que pusiéramos el pie en tierra; nada más; pero la historia no acaba aquí; ni muchos menos; como siempre, aún quedaba lo peor; y lo peor se ha presentado en el lugar conocido por Les Comes, en donde hemos subido -tan solo nuestro amigo José en su flamante y ligero alazán- una rampa que a más de uno se nos antoja haberla visto antes en el Himalaya con unos alpinistas atados entre éllos intentando escalarla, aunque sin conseguirlo; no vamos a decir la altitud de esta rampa porque los 4 GPS que llevábamos en ese momento se han puesto a llorar al unísono, desconsolados al saber que no tenían capacidad para poder medir esta altitud; el Mirlo al lado de esta rampa es como un cuento de Calleja; pero no hay mal que 100 años dure, ya que después de la tempestad ha llegado la calma; en nuestro caso la pista de la Carrerada (más conocida como "La Subida del Llanto", por razones fácilmente imaginables), aunque en esta ocasión en bajada; en trepidante bajada: ahí ha sido en donde hemos hostigado, ahora sí, enérgicamente a nuestros fieles jamelgos, que literalmente han volado sobre estas llanuras a velocidad de vértigo; tanto que hasta hemos logrado que el propio Céfiro, el dios griego del viento, desviara por unos momentos su atención hacia nosotros, y nuevamente incrédulo, tal y como ya sucediera en una anterior salida, volviera a preguntarse: "Coño, coño, ¿de dónde habrán salido éstos?"; pero tampoco esta vez, al igual que en aquella otra ocasión, Céfiro podía darse cuenta de que la respuesta estaba implícita en la misma pregunta, algo que se escapa a la divinidad por no haber dios alguno que haya yacido o haya sido engendrado por hembra alguna; y así, bajo la atenta mirada de Céfiro, hemos llegado a nuestro penúltimo destino, la Ermita del Roser en Sant Climent de Llobregat, en donde, por desgracia, las fotos que nos hemos hecho tan solo han podido mostrar a 5 magníficos bíkers.

La Ermita del Roser de San Climent
Último destino: la Ermita de Sant Ramon, de Sant Boi:
A la Ermita de San Ramón, por su vertiente trasera, hemos subido muchas veces; sabemos que se trata de una dura subida, como tantas y tantas, pero superable; lo que hasta hoy no habíamos hecho era subirla al final de una épica jornada como ésta, tras haber franqueado las rampas más espeluznantes que uno pueda imaginar; hasta es posible que a alguno de los que quedábamos se le hubiera ocurrido en algún momento tirar la toalla; pero no; nosotros somos de otra calaña; preferimos morir con las botas puestas; desde la Ermita del Roser nos hemos lanzado a "tumba abierta", bajando lo que aún quedaba de la "subida del llanto", llegando así a la carretera de Sant Climent de Llobregat en un abrir y cerrar de ojos, por la cual hemos transitado durante unos minutos, aunque siempre bajo la alargada sombra de la Ermita de Sant Ramon que podíamos divisar a lo lejos, desafiante; el cansancio lo único a lo que nos ha obligado ha sido a poner un ritmo suave, y así hemos empezado a atacar las rampas de esta ermita, a sabiendas de que lo más duro vendría al final; durante el trayecto Miguel ha tenido un problema mecánico en forma de "chupada de cadena", lo que le ha retrasado tanto a él como a David B; pero lo importante es que todos hemos subido a Sant Ramón, poniendo de esta forma fin a esta epopeya que estamos seguros pasará a los anales de la Historia; tras bajar de la ermita y llegar a Sant Boi, Miguel y David B, se han encaminado ya para El Prat, y Manolo, José y un servidor, Salvador, a Molins, aunque aún hemos tenido tiempo de poner un ritmo endiablado, alcanzando en llano velocidades superiores a los 40 km/h, lo que nos ha permitido llegar a Molins de Rei incluso con tiempo de tomarnos unas cervezas, que esta vez hemos disfrutado más que de costumbre gracias a la satisfacción que produce saber que se ha hecho todo lo que se había propuesto; pero la cosa no acaba aquí; tenemos otra gran cita pendiente ... en un lugar muy, muy húmedo.

La Ermita de Sant Ramón, der Sant Boi
Datos técnicos:
Cuando una etapa de poco más de 40 km. presenta una altitud acumulada de 1.565,76 m y un I.B.P. de 147, comparable a la Travessa Sant Joan Despí-Montserrat, poco más se puede decir de élla; su dureza está fuera de toda duda; esta memorable etapa puede hacerse buscando distintos itinerarios, aunque de todos éllos, posiblemente el más duro -o uno de los más duros- es el que nosotros hemos llevado hoy; lo hemos empezado en San Vicenç dels Horts, dirigiéndonos hacia el barrio de San José, en una zona urbana, desde donde nos hemos dirigido, subiendo en ocasiones duras rampas, a las urbanizaciones de Torre Vileta y Can Guitart Vell; aquí hemos tomado un largo y pedregoso sendero en fortísima subida que nos ha dejado en la carretera BV-2007, cerca de la Ermita de Santa María, de Cervelló, a la cual hemos llegado subiendo otra rampa asfaltada de bastante consideración; desde aquí nos hemos dirigido a la zona de la Ciutat del Remei, en donde está ubicada la segunda de las ermitas, y lo hemos hecho tomando rápidamente una larga y ciclable trialera de bajada que nos ha llevado a Can Pi, en la Urbanización de Can Castany, por donde hemos transitado brevemente por su zona urbana hasta salir para tomar unos senderos de fortísima subida en una zona de denso bosque, por la cual hemos llegado ya a la Ermita del Remei; después de esto hemos bajado muy brevemente por la zona de El Mas Vila para dirigirnos, asimismo mediante interminables y durísimos senderos, a la carretera BV-2005 de Torrellas, por la cual hemos continuado hasta desviarnos más adelante para proseguir por la pista asfaltada de la hedionda empresa manufacturera de la zona de impronunciable nombre, siempre en una subida mosqueante que parece no tener fin; esta pista, sin embargo, da lugar a un sendero de subida, con un desnivel muy superior al 20%, que finaliza en las proximidades de la Urbanización Cesalpina, desde donde empezaremos a escalar la pista de la Ermita de Sant Antoni, con unas impresionantes rampas finales, casi impracticables debido a lo pedregoso del terreno, con un desnivel inimaginable; desde esta ermita nos dirigiremos hacia le Creu de Querol, pero antes de llegar aún tendremos que sortear alguna que otra rampa de consideración, aunque la tendencia hasta la Creu sea de bajada; lo más duro vendrá entre la citada Creu de Querol y el Tabor, con una sucesión de rampas, muchas de éllas larguísimas, con un porcentaje en algunos sitios del 30%, o incluso más; superado la zona urbana del Tabor, tomaremos una trialera de impresionante bajada en la Costa Fustera, con un par de escalones que nos obligará a bajarnos de la bici, y que finaliza en la zona de Les Comes, en donde hallamos las rampas más espeluznantes que hayamos visto jamás, con un desnivel del 36%; si aún seguimos vivos, ahora nos espera la pista de La Carrerada, más conocida como la "Subida del Llanto", que en esta ocasión bajaremos para acceder ya a la Ermita del Roser, en Sant Climent, desde donde nos dirigiremos, ahora sí, siempre en constante bajada, hasta la carretera de Sant Climent, por la cual nos dirigiremos ya a nuestro último destino: la Ermita de Sant Ramón, de Sant Boi, que subiremos por su vertiente trasera, dando por finalizada la etapa, ya que desde aquí iniciaremos ya el regreso hacia nuestros lugares de salida sin mayor dificultad.

La altimetría de la etapa
No nos cansaremos de decir que se trata de una durísima etapa; con un gran desnivel y un alto I.B.P.; no podemos mencionar nada que sea especialmente duro, ya que hay infinidad de rampas con unos desniveles impensables hasta hoy; sin menospreciar otras rampas de muchísima consideración, podríamos aventurarnos a decir que lo más duro lo encontramos en la zona anterior a la Ermita de Sant Antoni, en Cesalpina, la zona que va desde el Creu de Querol hasta el Tabor así como entre éste y la "Subida del Llanto", en la zona que se conoce como Les Comes; tampoco podemos olvidarnos de la subida a la Ermita de Sant Ramón, sobre todo en cuanto a los últimas rampas se refiere; en resumen, se trata de un etapa durísima, puede que de las más duras que hagamos durante todo el año.